Conversaciones con Fredy Massad (2/3)

    El arquitecto británico Norman Foster y su esposa la doctora Elena Ochoa

El arquitecto británico Norman Foster y su esposa la doctora Elena Ochoa

Javier Dasdores: Al margen de discusiones, supongo que coincidimos en que este rechazo al conocimiento del que hablaba del Val es el culpable del actual estado de banalidad en que ha caído la sociedad y particularmente la arquitectura. A mi modo de ver no es más que la consecuencia de una sociedad sobreexpuesta que encuentra en la inmediatez de la imagen el placer que no encuentra en el entendimiento. Me viene a la cabeza la fotografía del “Che” Guevara estampada en millones de camisetas: la propia imagen acabó con el mensaje.

Fredy Massad: Es obvio que, para ciertos sectores, la imagen de un determinado ícono-producto y las significaciones que se le atribuyen tienen valor de reflexión crítica. El fenómeno de los star-architects y el edificio icónico tienen que ver con esto. Cuando El Croquis remplaza en sus portadas las imágenes de arquitectura por el rostro de los arquitectos transforma al arquitecto en un ícono en sí mismo.

En el artículo que citabas antes, ya escribí que Aravena me parece justamente eso: un Ché Guevara de camiseta. Llamar a su Bienal ‘Reporting from the Front’, siendo la Bienal de Venecia puro establishment, es reflejo de la dinámica bien conocida: el mainstream absorbe y reinterpreta lo que considera subversivo para neutralizarlo, y pervertirlo.

Si durante la década de los 90 los rostros de los arquitectos se habían vuelto metonimias de su obra, que consolidaron la conversión de sus arquitecturas en marca, hoy podría decirse que las imágenes han remplazado ya también al discurso. Me pareció muy remarcable la prolijidad con que se elaboraban descripciones físicas de Aravena en muchos de los artículos escritos con motivo de su Pritzker, como si su aspecto llevara implícitos toda una serie de elevados valores, de los que también sería automáticamente portadora su arquitectura.

JD: La socialización de internet ha propiciado el establecimiento de un espacio donde todo el mundo quiere estar y en el que se corre el riesgo de desaparecer a la misma velocidad con la que fluyen los tweets. ¿Crees que la circulación masiva e indiscriminada de datos que desde estos medios se está produciendo, proporciona los medios y el instrumental necesarios para el conocimiento de la arquitectura, o por el contrario fomentan la sobre-información y como consecuencia el anquilosamiento de nuestra capacidad crítica?

FM: Vivimos en un tiempo en el que la sobre-información ha ido en detrimento del conocimiento. Estoy convencido de que no nos queda más remedio que acostumbrarnos a vivir en él y a trabajar con sus herramientas, a tratar de seguir construyendo ideas en este entorno. En la manera en que ahora lo comprendemos, creo que estamos desperdiciando mucho potencial si no encontramos la forma que esto se ponga a nuestro favor.

No somos más tontos, aunque a veces lo parezca, ni tampoco más listos. Estamos desorientados y esto ha propiciado el auge de arribistas y algunos sinvergüenzas, que se están aprovechando astutamente de este desconcierto e incertidumbre. Este estado favorece, como señala Victoria Camps en Elogio de la duda, un caldo de cultivo óptimo para que aparezcan posturas extremas y simplistas, grupales, en las que muchos prefieren abrigarse, eludiendo el esfuerzo, más incómodo, de pensar y cuestionar con individualidad.

Es verdad que antes había más filtros contra la estupidez, pero seguramente esos filtros también condicionaban la posibilidad de autogestión de cosas interesantes que, por carecer de plataformas, eran inviables.

Tengo la sensación de que nunca se escribió y se publicó más para decir menos. Todo sigue cada vez más los esquemas de la prensa rosa. No hay más que ver algunos de los titulares con que se ha difundido la noticia de la selección de Norman Foster para la expansión del Museo del Prado. También se ha sustituido el pensamiento por la narración de experiencias vitales, seguramente muy trascendentes para quien las experimenta pero de escasa significación para los demás. Lo común se pretende extraordinario.

Asimismo, estadísticas, rankings, listas… han remplazado a la opinión y pensamiento crítico, por fáciles e inofensivas.  Como ejemplo: hace unos días, una plataforma publicaba un ranking de los 100 blogs de arquitectura en lengua castellana más seguidos. Los responsables del ranking especificaban que esto no tenía que ver con su calidad, sino que se había elaborado utilizando un algoritmo que indicaba su nivel de impacto. Cabría esperar que quienes están realmente apostando por un pensamiento responsable y esforzado se ruborizaran ante un ranking de este tipo. Sin embargo, el link a este ranking fue profusamente compartido en las redes sin que nadie hiciera notar lo lamentable de confeccionar un listado de blogs que destacara‘impacto’ por encima de la calidad de los contenidos.

Otro punto que me gustaría señalar respecto a los formatos digitales que, a priori, deberían haber podido una apertura en positivo a opiniones más libres han acabado convirtiéndose en el territorio quizá más eficaz para el servilismo y la boutade. Aunque no sólo hay que achacar esto al contexto de lo digital: la prensa tradicional (analógica) padece el mismo abaratamiento.

 JD: La búsqueda constante del reconocimiento y la altas cotas de sofisticación que está  alcanzando nuestra disciplina, ha forzado el que se proyecte buscando la fotogenia del edificio. ¿Qué queda del viejo eslogan “Mi estética es mi ética”?

FM: Queda muy poco. A veces uno se sorprende al leer o escuchar ciertas cosas, que confirmarían que se ha asesinado el respeto a la ética o que, directamente, la ética fue algo que nunca existió. Sin embargo, la ética resiste en algunos rincones, por encima de egos y bravuconerías. Aunque, y digo esto como autocrítica, acabo hablando siempre de esas actitudes que repruebo y no destaco como merecen a todos esos que están construyendo desde posiciones respetables.

El ego es una cuestión inevitablemente humana, pero las redes sociales se han convertido en un campo de expresión para el ego, desde el que se expande insoportablemente. La puerilidad y falta de pudor, que es consecuencia de esa transparencia que brindan las redes, han provocado que la estética (ese recurso que hoy sirve para construir ese personaje que cada uno hace de sí mismo en las redes), se haya impuesto a cualquier consideración ética.

Recordemos aquel eslogan de Fuksas: ‘Less aesthetics, more ethics’. Ese juego de palabras posmoderno convirtió a la ética en carne de eslogan.

JD: Siendo la arquitectura la voluntad de la época traducida al espacio, no debe ser motivo de sorpresa que la era del liberalismo económico se haya servido de ella para proyectar idealizadas imágenes de perfección material, riqueza y sofisticación, que se imponen a las nostálgicas y anónimas megaestructuras representativas del poder político de épocas pretéritas. Lejos de ser una excentricidad de las clases pudientes y de la nueva burguesía, el fenómeno se ha hecho extensible incluso a las instituciones públicas. Un buen número depequeñas y medianas poblaciones luchan por encontrar su lugar en los mapas cerrando acuerdos con figuras del star system con los que satisfacer las caprichosas extravagancias del político de turno. El hecho en sí, resultaría beneficioso, de no ser porque al final, los cánones del mercado acaban por imponer propuestas mediatizables con las que obtener algún tipo de rédito, sea político, económico o mediático, a coste eso sí, del erario público. ¿Es el Guggenheim el culpable de todos los males de la arquitectura actual 4?

FM: No, de ninguna manera. No creo que el Guggenheim sea el culpable de nada. Creo que el efecto Guggenheim sirvió como constatación en la arquitectura de la hegemonía de las políticas neoliberales que se afianzaron tras la caída del Muro de Berlín. Si a ello se le suma la revolución de la tecnología digital y de la información vemos que se encuentra el momento propicio para que la arquitectura se alinee a toda esta dinámica.

El Guggenheim es más la consecuencia de todo esto. Es el que edificio que marcó más claramente el origen del concepto de la arquitectura como producto de consumo y el detonantedel poder del star-system. El caldo de cultivo para todo esto es el estado social y cultural acrítico que deriva de la hegemonía neoliberal. No es el edificio es la interpretación que efectúa el periodo que recibe ese edificio, el uso simbólico y conceptual envuelto en leyes de consumo y mercado que se efectúa de ese edificio. Ésta es la misma causa que explica la pleitesía al star-system y la deriva que toma la arquitectura (espectacularidad, ícono, estancamientos en la auto-referencia…). No puedo pensar en mejor ejemplo del fracaso de la crítica ante este fenómeno, que un episodio de The Simpsons, ya en el año 2005, haya sido el primero en señalarlo y hacer una crítica afiladísima e incontestable de él.

Insisto: creo que el problema no son ni Gehry ni el Guggenheim en sí mismos, sino la literalidad ignorante con que se interpretó el efecto Guggenheim. El caso de la Ciudad de la Cultura de Galicia, que hoy trata de obliterarse, y que nació a la estela de ese efecto, es seguramente la muestra más paradigmática de este fracaso. Y más aún tratándose de una obra pública. Por eso, hoy se ha puesto en marcha una maquinaria de lavado de imagen, supuesto ‘examen de conciencia’ y auto-absolución, que es patente en el discurso en torno al último pabellón en la Bienal de Venecia, celebrando las ‘ruinas contemporáneas’ y restando gravedad a la ingente cantidad de cadáveres arquitectónicos (y en gran parte construidos con dinero público).

Es paradójico ver la histeria colectiva desatada recientemente por el derribo de la Casa Guzmán de Alejandro de la Sota (protesta con la que estoy de acuerdo) y el sigilo ante otros temas tan igualmente flagrantes y perjudiciales para la arquitectura que también están de plena actualidad.

Lamentablemente uno termina dándose cuenta que la crisis no fue nada más que un impasse, que todo regresa. Ver cómo hoy se celebra la inauguración de la Filarmónica de Hamburgo de Herzog & de Meuron provoca un descorazonador efecto de déjà-vu que confirma que no se ha aprendido nada.

JD: Es un hecho que la arquitectura transforma el contexto en el que se ubica, en ocasiones con brillantez, cualificando el entorno inmediato y configurando un nuevo perfil, o de una manera grotesca, opaca y ladina, consecuencia directa de lo que has dado en llamar los estragos del narcisismo. ¿No consideras injusto que recaiga toda la responsabilidad en nuestro colectivo (al cual vaya por delante, no pretendo exonerar), teniendo en cuenta que nos hemos convertido en meros instrumentos (¿mercenarios?) al servicio delos estamentos públicos, cuyos intereses no van más allá de lo especulativo, rindiendo el espacio público al servicio de los intereses privados?

FM: Es simplista e interesado que se achaque la culpa a los arquitectos; especifico: que se culpe por igual a todos los arquitectos. Es evidente que ha habido y hay responsables. Pero creo que se ha generado un estado de culpabilidad compartida y, a la vez, de cierto victimismo que no está haciendo ningún bien a la profesión.

En los últimos años hemos visto a muchos haciendo aspavientos y rasgándose las vestiduras, pero solamente como actuación, no ha habido reflexión autocrítica ni una búsqueda valiente de verdaderos responsables. Siguen primando las figuras de poder que generan miedo, y que son las que imponen los credos a obedecer por todos.

Es inaudito, transcurridos ocho años del inicio de la crisis, que Luís Fernández-Galiano hable de exámenes de conciencia cuando sería muy importante el que él mismo debería efectuar, no sólo como responsable de un medio que potenció el modelo de arquitectura-espectáculo sino también por su papel activo en jurados, concursos… durante el periodo de la arquitectura icónica.

Hoy se debería estar reclamando una revisión exhaustiva de ese modelo.

3. Camps, Victoria(2016). Elogio de la duda. Barcelona: Arpa editores. ISBN: 9788416601103.

4. Presentación del libro “La viga en el ojo en 8tv, http://www.8tv.cat/8aldia/cultura/la-viga-en-el-ojo-escritos-a-tiempo-un-llibre-del-critic-darquitectura-fredy-massad/

 

(Continuará)

Fredy Massad nació en Banfield (Buenos Aires) en 1966. Es arquitecto por la Universidad de Buenos Aires. Actualmente es profesor de ‘Teoría y Crítica de la Arquitectura’ en la School of Architecture-UIC (Barcelona) y profesor invitado de la FADU-UBA. Crítico del periódico ABC.  En breve publicará el libro Crítica de choque en Bisman Ediciones.